La Antorcha Humana

En uno de los muchos y largos debates que solíamos mantener mi hermana, mi padre y yo dentro del coche, y en los que por costumbre acababa por abstraerme desechando el hilo de la conversación, tornándose demasiado tediosa para ser seguida, encontré tirado en el suelo, en la alfombrilla llena de arena, unas hojas de periódico de fecha pasada desde las que un perfil portentoso y llamenate emitía un rugido silencioso y penetrante que no olviaría nunca.
Sólo un nombre y apellido, y se ejecuta una reverencia: Antonin Artaud.

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